Solo de circo íntimo, madera y cuerpo. En un contexto rústico, y con la tradición pirenaica de las fallas como fuente de inspiración, surge una pieza entre el movimiento y el trapecio gracias a un lenguaje simple y visual. A través del cuerpo y la madera, y entre recuerdos familiares, se evocan personas de manos arrugadas y de pies arraigados en la tierra. Un espectáculo donde conviven la tradición y la contemporaneidad, la rusticidad y la delicadeza, y que invita al espectador a formar parte de un ritual, en un escenario donde todo se construye y se transforma y donde, a través del imaginario, vislumbran las contradicciones del ser humano.